Casi una década ha pasado desde aquel encuentro trascendental en la Aldea Multiétnica de la Chapada dos Veadeiros (Goiás, Brasil), donde en 2015 nueve etnias —fulni-ô, kayapó, yawalapiti, truká, krahô, kamayurá, xavante, kariri-xocó y la comunidad quilombola Kalunga— tejieron alianzas bajo el fuego sagrado. Hoy, en un mundo fracturado por la crisis climática, el avance de industrias extractivas y la erosión de derechos indígenas, aquella experiencia revive como un faro de resistencia.
La Aldea Multiétnica en 2024: Entre avances y retrocesos
El modelo de intercambio cultural y político impulsado por Juliano Basso y líderes como Olegario Krahô se ha replicado en otros territorios, pero los desafíos son mayores. La demarcación de tierras —entonces una demanda central— sigue inconclusa: según el Conselho Indigenista Missionário (CIMI), el gobierno brasileño ha demarcado solo el 13% de los territorios reclamados por pueblos originarios desde 2019. La presión de agronegocios y mineras ilegales, especialmente en el Matto Grosso, ha escalado, con un aumento del 152% en invasiones a tierras indígenas entre 2018 y 2023 (datos de FUNAI).
A esto se suma un giro paradójico: mientras las cosmovisiones indígenas ganan relevancia global —como en la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco o en cumbres climáticas—, sus defensores enfrentan violencia. Brasil lidera las estadísticas de asesinatos de activistas ambientales, muchos de ellos indígenas.
El ritual Pemp’Kahàc: Un acto de resiliencia
El relato de Noemí Vargas, la mujer quechua bautizada como Puth Kray por los krahô, revela la potencia de los rituales como herramientas de cohesión frente a la colonización cultural. Hoy, ceremonias como el bautismo con plumas y cantos al amanecer no solo persisten, sino que se han reinventado:
- Tecnología y tradición: Jóvenes krahô graban los cantos sagrados en apps para preservar su lengua, amenazada por el portugués dominante.
- Turismo ético: La aldea recibe visitantes, pero bajo estrictos protocolos: “No somos un zoológico humano”, advierte el cacique Olegario en redes sociales.
Reflexión final: ¿Qué significa ser “pariente espiritual” hoy?
La pregunta que resonó en 2015 —”¿cómo cuidarnos mutuamente?”— hoy es un mandato urgente. El bautismo de Noemí no fue solo simbólico: era un pacto de protección intercultural. En 2025, ese pacto exige:
- Acción climática desde lo local: Los saberes krahô sobre manejo forestal podrían mitigar incendios en el Amazonas.
- Alianzas globales sin folclorización: Compartir rituales no basta; hay que exigir políticas que protejan a sus guardianes.
- Memoria viva: La Aldea Multiétnica debe ser un modelo educativo, no una anécdota.
Como escribió Noemí: “La mujer indígena deja su energía en el humo que se une al viento”. Hoy, ese viento sopla con fuerza: es hora de escucharlo.
Fuentes: http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/136-la-experiencia-espiritual-de-una-mujer-quechua-en-el-%20matto-grosso
Fotografías: Amalia Vargas

