Maternar es mucho más que dar vida: es cuidar, proteger, acompañar y amar.
Maternar es alimentar un cuerpo, pero también abrazar un espíritu. Es sostener la vida con ternura, escuchar sus necesidades y acompañar su crecimiento sin apagar su libertad.
Desde una mirada andina, podemos pensar el maternar como una expresión del ayni, la reciprocidad que sostiene la vida. No solamente maternamos a nuestros hijos: también podemos cuidar a los animales, las plantas, los ancianos, las semillas y a nuestra Madre Tierra
Consejos que nacen del corazón de una madre:
No eduques desde el miedo, sino desde el amor y el respeto.
Escuchá a tus hijos: también tienen sabidurías para enseñarnos.
Enseñales a cuidar el agua, los animales y la tierra.
Abrazá sin medida, pero permití que cada ser encuentre su propio camino.
Recordá que cuidar también significa aprender a cuidarse.
Un cierre desde el espírit
Maternar es sembrar amor donde la vida necesita florecer.
Que nuestras manos sean abrigo, que nuestras palabras sean medicina y que nuestro sonqo —corazón— conserve la ternura de quienes protegen la vida.
Que nuestros ancestros nos enseñen a cuidar sin poseer, a amar sin imponer y a acompañar sin apagar la luz de ningún ser.
Porque maternar no es solamente traer hijos al mundo, sino ayudar a que toda forma de vida encuentre un lugar donde crecer en paz.
Maternar también es cuidar a la Pachamama, que nos sostiene, alimenta y cobija

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Am@lia Vargas
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